SANTO ENTIERRO

La solemnidad preside la gran procesión marraja del Santo Entierro. Uno tras otro se nos irán mostrando los últimos momentos de la Pasión, a través de imágenes de serena belleza, en su mayor parte obra del escultor Capuz. Cientos de capirotes ataviados con los colores alusivos a su advocación correspondiente, irán pasando ante nosotros escoltando con la luz de los hachotes los distintos tronos, en un cortejo en el que los marrajos echan el resto.

 

Orden riguroso y ritmo solemne en los tercios de penitentes que, candenciosamente, marchan al son de la música. La esbeltez de los altos tronos de estilo cartagenero, retablos andantes de luz y flor, encumbra las imágenes hasta la misma altura de los miradores y asombra al torcer las esquinas, como verdaderas apariciones divinas entre el público que abarrota las calles.

Jose Fº López Martínez

Un poco de historia...

La procesión del Santo Entierro centra su discurso, siguiendo el orden cronológico de las procesiones de la Semana Santa de Cartagena, en la muerte y entierro de Cristo.

 

En su origen, según cuenta el cronista de la ciudad Federico Casal, la procesión tenía como fin representar el Entierro de Cristo por las calles de la ciudad. Partía de la iglesia de Santo Domingo, y formaba parte de la misma, como Titular de la procesión, una imagen articulada de Cristo que había sido desclavada durante la tarde de Viernes Santo en los oficios. Junto al Yacente componían el cortejo Santa María Magdalena, Santa María Salomé, Santa María Salomé, Santa María de Cleofás, San Juan Evangelista y la Virgen de la Soledad y un último trono con la Vera Cruz.

 

En 1881, atendiendo las sugerencias del cronista de la ciudad Manuel González, la cofradía incorpora a la procesión un Calvario, con lo que por primera vez procesiona un crucificado en las procesiones de Cartagena. En 1896 se eliminó de la procesión dicho Calvario quedando sólo el Crucificado como Cristo de la Agonía.

 

En el año 1906 se incorporó a la procesión la Virgen de la Piedad con una talla de Sánchez Araciel sustituída en 1925 por la actual de José Capuz. En 1930 se da cumplida cuenta a una antigua aspiración que ya había expresado medio siglo atrás González y Huárquez: la incorporación de un grupo del Descendimiento, en este caso una excepcional obra salida de la gubia de José Capuz que mereció ser portada del diario ABC, en su edición del 17 de abril de 1930, con motivo de su realización. En el año 1931 Capuz realiza también una nueva talla de la Virgen de la Soledad. En el año 1934 el titular de la Cofradía pasa a procesionar en la procesión del Santo Entierro.

 

La Guerra Civil supone la destrucción o desaparición de parte del patrimonio marrajo, en 1943 se estrenaron tres imágenes. La del Cristo de la Agonía, de Carles Flotats y San Juan Evangelista y la Virgen de la Soledad de José Capuz. En el año 1959 se incorpora el grupo del Santo Entierro tallado por Juan González Moreno, posteriormente se incorporó de nuevo la imagen de Santa María Magdalena.

 

Las últimas incorporaciones se produjeron a finales de los setenta y principio de los ochenta. En 1979 el grupo de la Lanzada, realizado por Antonio García Mengual. Y en 1984 las dos últimas, el Expolio de Juan Abascal y la actual imagen de Santa María Magdalena tallada por José Hernández Navarro.

 

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