Origen y fundación de la agrupación del Descendimiento.

El origen de la Agrupación del Descendimiento debemos enmarcarlo a finales de la década de los años veinte del siglo XX, en un momento de profundo cambio en las estructuras organizativas y de configuración en el desfile de nuestra Cofradía que llevaría a transformar la concepción de la Semana Santa convirtiéndola en lo que actualmente conocemos.

La situación que se vivía en aquellos años en el seno de las Cofradías se puede calificar en palabras de D. Juan Muñoz Delgado en: “La apatía de unos, la falta de entusiasmo de otros y la escasez de las aportaciones, habían llevado a las Cofradías a un punto muerto”(1) Será desde ese punto muerto, cuando un grupo de cofrades marrajos siente las bases de un nuevo tipo de organización que evite la incertidumbre de cada Miércoles de Ceniza para sacar las procesiones ese año y buscar a las personas que quisieran costear la salida de algún trono. De aquellas que no se conseguía, la propia Cofradía debía hacerse cargo de su salida con el consiguiente problema ya que los ingresos directos eran escasos. Esta incertidumbre anual estaba llevando a un callejón sin salida, ya que unido a esto, había que añadir que los tercios eran vestidos por ” … tropa y mercenarios…” y diferentes estamentos de la sociedad cartagenera. (2).

En ese momento de auge y profundos cambios artísticos será cuando se le encargue a José Capuz el grupo escultorico del Descendimiento. A comienzos del año 1928 y animados principalmente por el éxito obtenido por las anteriores obras de este escultor para la Cofradía Marraja, el Hermano Mayor D. Juan Antonio Gómez Quiles escribe a D. Juan Muñoz Delgado, Primer Comisario, una carta en la que le da a conocer los términos del encargo:

Mi muy querido amigo: Quiero que sea el primero en conocer que acabo de ajustar un Descendimiento con el amigo Capuz de 6 figuras tamaño natural de 1’50 de altura. Creo que con esto ya nuestros queridos amigos y cofrades verán realizadas las aspiraciones de toda la vida. Después de consultar con el amigo Granda a quien le he entregado el saldo y después de conocer en precio para esta obra y renococer que hoy es el primer escultor el amigo Capuz me he decidido y en firme está el compromiso. Las figuras son de talla completa y me adelanta que se compromete a que cada una de ellas sean tan acabadas como el Yacente o mejor.

 

Me embarga en estos momentos una gran tristeza porque mi buen hijo se habría alegrado que mi paso por esa Cofradía deje un buen recuerdo. Convendría formar el grupo del Descendimiento para si como espero se recibe bien esta noticia se completará pronto.

 

A D. Ramón Martínez un fuerte abrazo y que se prepare para celebrar su aspiración.

Recuerdos a todos esos buenos amigos y Ud. reciba un fuerte abrazo de su amigo que le quiere.

Juan Antonio.

Hasta pasado mañana (3)

Al analizar detenidamente este documento de 1928 con sello del Casino de Madrid, nos encontramos dos partes bien diferenciadas; la primera, en la que se describe todo lo referente a la concepción del grupo y una segunda en unos términos más personales. En un principio se pueden ver las intenciones del Hermano Mayor que deja entrever bien a las claras el interés que tenía en que fuera el propio Capuz quien realizara el Descendimiento, llegando a preguntar al mismo Félix Granda solamente con el fin de escuchar que alguien que le inspiraba confianza algo que él mismo sabía, ya que el mismo escultor le da la seguridad de que estará acabada “como el Yacente o mejor”. Seguidamente cabe reseñar el encargo que realiza a D. Juan Muñoz Delgado para que comience los trámites necesarios con el fin de crear un “grupo” (lo que se denominó como Subcofradía o Agrupación), con la esperanza de que será completado pronto. Esto va a llevar a convertir al Descendimiento en la primera de las Agrupaciones de nueva creación dentro de la Cofradía que nace dentro de esta nueva estructura organizativa.

En los siguientes años el escultor se encuentra trabajando en la realización de la obra con un encargo preciso, pero el grupo que concibe José Capuz con los nuevos conceptos artísticos que va a plasmar en sus obras, se alejará de una manera importante tanto en su composición como en el estilo tanto de los términos pactados con el Hermano Mayor como del estilo barroco dominante y cuyo máximo exponente será la escuela del escultor Francisco Salzillo y Alcaraz. La esperanza del mecenas marrajo era que el escultor tallara las imágenes como “… una máquina colosal, con una gigantesca cruz con escaleras que se balanceaban en el aire y figuras… trepando por ellas…” (4), aunque el resultado no fue precisamente el esperado.

Cuando el grupo estuvo terminado y antes de ser traído a Cartagena, fue expuesto en los salones del Círculo de Bellas Artes de Madrid donde el propio escultor fue testigo del agrado que provocó en el público la contemplación de las esculturas. Fue tan importante el eco de la breve exposición madrileña que el periódico ABC le dedicó su foto de portada el Jueves Santo 17 de abril de 1930 y un artículo en sus páginas interiores. El periodista destacaba que este grupo “… era sin duda, una obra maestra de verdadero y genuino magisterio” (5).

 

Las expectativas creadas en Cartagena tras su breve exposición madrileña se vieron superadas ante la contemplación del grupo en la ciudad. Este al igual que el resto de las enviadas con anterioridad por Capuz desde su taller de Madrid, (6) se realizaría en tren, concretamente llegó a la ciudad en el tren correo del viernes 11 de abril. A su llegada se tenía previsto que fuera expuesto en el vestíbulo del Ayuntamiento durante el fin de semana y trasladarlo el martes a la Capilla que la Hermandad morada tenía en propiedad en la Iglesia de Santo Domingo. No se conocen los motivos por los que finalmente no se expuso en el Ayuntamiento ya que el grupo fue trasladado directamente hacia la Capilla, que abrió sus puertas a público cartagenero el sábado 12 de abril (7).

Desde el primer momento la opinión de la prensa fue unánime en elogiar tanto el logro conseguido por Capuz, como hacia la figura del mecenas Juan Antonio Gómez Quiles.

En un gesto increíble de generosidad y cariño, el Hermano Mayor pagó de su bolsillo el costo de la obra, que ascendía a 65.000 de las antiguas pesetas.

Dos días después de la llegada del grupo escultórico, el 14 de abril, el notario D. Juan Gironés y Gisbert del Ilustre Colegio de Albacete, con residencia en Cartagena, levanta Escritura de Donación otorgada por Juan Antonio Gómez Quiles a favor de la Real e Ilustre Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, y que firmaría en su nombre el Primer Comisario D. Juan Muñoz Delgado y Garrido. En ésta se explican las condiciones de tan generosa donación gratuita solamente incluyendo la condición “… de que en todo el tiempo perpetuándose a través de las generaciones futuras el grupo “El Descendimiento” se conserve siempre en poder de la Real e Ilustre Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, que tendrá a perpetuidad el dominio pleno del mismo… con la prohibición absoluta de enajenarlo por ningún concepto o por cualquier motivo la Real e Ilustre Cofradía… hubiera de disolverse o desaparecer, es voluntad del donante, que el grupo escultórico objeto de esta donación, pase a ser propiedad de la ciudad de Cartagena, entregándose a su Alcalde para que se haga cargo del mismo y lo conserven forma adecuada al carácter religioso de la escultura…” (8).

Con respecto a la constitución del “grupo”, D. Juan Muñoz Delgado trasladó a los cofrades el interés del Hermano Mayor en que se constituyera la citada Agrupación y que ésta daría fin a una larga aspiración, perseguida por la propia Cofradía desde el siglo XIX y que no se pudo llevar a cabo hasta estas fechas.

Se desconoce la fecha concreta de su constitución como Agrupación (9), aunque defiendo la hipótesis de que ésta tuvo que ser posterior a la Semana Santa de 1929, ya que el que sería su primer presidente, D. Luis Martínez Coll, desfiló ese año como Comisario de Trono en las Agrupaciones de la Dolorosa, la Agonía junto con D. Inocencio Moreno Quiles y en el de la Soledad (10). Lo que si podemos datar con total fiabilidad es que su primer desfile tuvo lugar en la Procesión del Santo Entierro que salió de la Iglesia de Santo Domingo a las 8 de la noche del 18 de abril de 1930. El itinerario que siguió comprendió las calles Mayor, Plaza de Prefumo, Honda, Plaza de San Francisco (lados oeste, sur y este), Arco de la Caridad, Plaza de Risueño (lado oeste), Duque, Cuatro Santos, Aire, Osuna y Mayor (11). En ésta primera salida desfiló como segundo trono tras el de la Agonía y precediendo a los tronos de la Piedad, Sepulcro, San Juan y Soledad.

La salida del Descendimiento fue costeada por la propia Agrupación, actuando como Comisarios de Trono, D. Luis Gómez Gal (Comisario de trono de la Agonía en 1927 y 1928, además de figurar como Comisario que costeaba la salida), D. Jesús Gómez (Comisario de trono de la Verónica y Magdalena en 1926 y 1927), D. Luis Martínez Coll, que sería su primer presidente y D. Ramón Martínez, que fue nombrado Presidente Honorario, y del que ya se hacia referencia en la carta citada anteriormente. Como responsables del Tercio la Asociación de Hijos de María de la Casa de Misericordia, cuyos miembros desfilaron de penitentes en el tercio de Capirotes(12). Esta vinculación de una asociación de carácter religioso con la Semana Santa lleva a establecer un paralelismo con la agrupación hermana de la Agonía, que el mismo año realizó su primera salida procesional como agrupación, vistiendo sus trajes de penitentes la Asociación de Hijos de María del Patronato.

Por tanto podríamos definir este sistema como “modelo de transición”, donde perviven elementos de la estructura organizativa anterior, como los Comisarios que costeaban la salida de los tronos, los Comisarios de Tercio y los Ayudantes, con las nuevas incorporaciones de personas vinculadas a la Cofradía para vestir los trajes de capirotes, estableciéndose una marcada diferenciación entre los que se ocupan de sufragar la salida del trono y de los que se hacen cargo del tercio.

Esta vinculación fue aplaudida por la prensa que destacó:

“Además ha sido muy bien visto que como ya se incitó en años anteriores las sociedades y asociaciones religiosas hayan emulado en entusiasmo por salir en las procesiones vistiendo los distintos tercios de capirotes, revistiendo las procesiones de un marcado sabor religioso. Entre ellas figuraban las asociaciones marianas de Jóvenes del Patronato y de la Casa de Misericordia” (13).

A tenor de la documentación que disponemos, la fundación de la Agrupación del Descendimiento tuvo lugar en un momento histórico de profundo cambio tanto en las estructuras organizativas de la Cofradía, como de renovación del patrimonio artístico que sentaron los cimientos de la actual configuración de los desfiles de la Semana Santa cartagenera.

Alfonso Pagán Pérez

Archivero de la Cofradía Marraja

(1) MUÑOZ DELGADO, J. Contribución de los marrajos al esplendor de la Semana Santa de Cartagena, en la Revista editada con motivo de las Bodas de Plata de la Agrupación del Santísimo Descendimiento de Cristo. Ed. Agrupación del Descendimiento. Cartagena, 1955.

(2) Entre estos grupos podemos destacar: El Club Gavira, Sociedad de Dependientes de Comercio y Banca, Empleados de la S. E. de la Constructora Naval, Casino Taurino.

(3) ACNPJN Carta de Juan Antonio Gómez Quiles a Juan Muñoz Delgado, 1928. Caja 3 Carpeta 1.

(4) HERNÁNDEZ ALBALADEJO, E., José Capuz: Un escultor para la Cofradía Marraja. Ed. Real e Ilustre Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Cartagena, 1995. p. 50.

(5) ABC, jueves 17 de abril 1930; EL PORVENIR 7 de abril de 1930.

(6) PAGÁN PÉREZ, A., LA LLEGADA DE LA IMAGEN DE LA VIRGEN DE LA PIEDAD A CARTAGENA EN 1925. En Ecos del Nazareno. Real e Ilustre Cofradía de N. P. Jesús Nazareno. Cartagena, 2000.

(7) EL PORVENIR, jueves 10 abril 1930; sábado 12 abril 1930.

(8) ACNPJN. Copia de Escritura de donación otorgada por Juan Antonio Gómez Quiles a favor de la Real e Ilustre Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno. 14 de abril de 1930. Caja 79 carpeta 1.

(9) No se conservan tanto los Libros de Actas de la cofradía ni los Libros de Actas de la Agrupación anteriores a la contienda civil.

(10) EL PORVENIR, 26 marzo 1929.

(11) LA TIERRA, jueves 17 de abril de 1930.

(12) LA TIERRA y CARTAGENA NUEVA, jueves 17 abril de 1930.

(13) ECO DE CARTAGENA, martes 15 de abril de 1930