Crónica de la fundación del Descendimiento

Félix Pérez Palomares, hermano fundador

Publicado con motivo de las Bodas de Plata de la agrupación (1956)

La Agrupación del Santísimo Descendimiento de Cristo, de la Real e Ilustre Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, celebra en el presente año sus Bodas de Plata.

Esta conmemoración, además de ser motivo de júbilo para todos los que tuvimos el honor de vestir el traje de penitente durante tantas noches de Viernes Santo, nos invita a recordar, con íntima satisfacción, aquellos días de iniciativas y trabajos que siguieron a la fundación de la Agrupación. Era necesario trabajar constantemente y a ello nos entregamos con la sana alegría que produce a todo cartagenero el cuidado de sus procesiones de Semana Santa.

 

Para el mayor éxito de nuestra empresa, contábamos con la clarividencia y la magnífica dirección del que fue primer Presidente don Luis Martínez Coll, verdadero creador de la Agrupación, cuya memoria perdurará siempre entre nosotros.

 

Estas características iniciales de laboriosidad y buena dirección dieron pronto su fruto creando en la Agrupación

recién fundada un espíritu de acción y hermandad entre sus componentes, traducido todo ello en mejoras que pronto aparecieron en los desfiles procesionales.

Inmediatamente fue encargada la confección de un sudario a las Hermanas del Asilo de San Miguel, bordado en plata sobre terciopelo de color burdeos, cuyo bordado central habría de ser el distintivo de la Agrupación, de gran tamaño. Este sudario es el mismo que se conserva en la actualidad y sorprende por la belleza de su bordado. A esta mejora pronto siguieron otras. Él nos dio en todo momento el ejemplo de su constancia y sus desvelos por hacer una Agrupación perfecta y eficiente.

Como fueron el bordado del emblema en las capas de los penitentes y la adquisición de unos cíngulos, también bordados en plata sobre fondo burdeos, en cuyo centro figuraban tres clavos circundados por una corona de espinas. Otras muchas mejoras enriquecieron a la Agrupación en vestuario, hachotes, etc., cuya enumeración sería de largo relato.

 

El trono del Descendimiento era de líneas sencillas y carecía de adornos de talla. Su cartelaje estaba compuesto por cuatro candelabros de bronce de escasa altura que dejaban al descubierto la totalidad del grupo escultórico de Capuz. Estos candelabros eran colocados durante los demás días del año en la capilla para su iluminación.

 

La falta de adorno natural del trono , se veía compensada por la fantasía de nuestros floristas que, aprovechando esta circunstancia, hacían verdaderos alardes de jardinería, dándole variedad todos los años a la colocación de flor, por cuyo motivo cada año salía un Descendimiento nuevo que era motivo de admiración del público que presenciaba el desfile de la procesión. No obstante, la Agrupación tenía el propósito de terminar el proyecto primitivo del trono, que era de unas líneas bellísimas, pero esto no pudo hacerse hasta bastantes años después, si bien basándose en un proyecto por haberse perdido el anterior.

El espíritu de penitencia de los hermanos era magnífico desde los primeros momentos. Con la primera salida de la Agrupación a la calle fue establecida la disciplina entre sus penitentes, pero ello fue innecesario porque todos, en un noble afán de superación, colaboraban para el mayor lucimiento de su tercio. De esta forma, la Agrupación aportaba su granito de arena a la magnificencia y suntuosidad de nuestra incomparable procesión del Santo Entierro. Después, encerrada la procesión y con la satisfacción del deber cumplido, mientras se fumaba con avidez un cigarrillo y se descansaba en cualquier café de la calle Mayor, se formaban nuevos proyectos para el año siguiente que, en la mayoría de los casos, eran convertidos en realidad. De esta forma, año tras año, nuestra querida Agrupación marchaba con paso firme, como en la procesión, hacia su mayoría de edad en el seno de la Cofradía.

 

Con estos recuerdos, quedan expuestos a grandes rasgos los datos históricos de los primeros años de la Agrupación. Durante este tiempo se formaron un gran número de jóvenes que después habrían de dar continuidad y terminación a muchos de nuestros primeros proyectos desde los puestos de dirección de la Agrupación a los que llegaran por su reconocida competencia y entusiasmo.

Finalmente, dediquemos un delicado recuerdo y elevemos una oración a Dios Nuestro Señor, por las almas de nuestros hermanos que faltan en estas horas de alegría motivada por la celebración de las Bodas de Plata de nuestra amada Agrupación.

Extraído de “El Descendimiento de Capuz en Cartagena (1930-2005)”

José Eduardo Pérez Madrid